viernes, 8 de abril de 2016

Escuela de surf 18 Nudos



La primera vez que fui a la Escuela de Surf 18 nudos fue una verdadera locura. Descubrí su existencia el pasado verano cuando Patri y yo, que desde pequeñas veraneamos en Salobreña, estábamos desayunando en el pueblo y vimos pegado en la puerta de la cafetería un cartel donde se anunciaba un festival. Aseguraba comida y música en directo en la playa. Nos miramos y no necesitamos mucho más. ¿Cómo era posible que viviendo tan cerca, no conociésemos ese lugar?. En aquel momento 18 nudos era para nosotros totalmente desconocido, y ese misterio y la tentación de una tarde al borde del mar y con tan perfectas expectativas fueron suficientes para decidirnos a acudir a la llamada de aquel anuncio que despertaba tan buen rollo.




Y digo que fue una locura porque cuando llegamos allí alucinamos con el ambiente. Era agosto y aquello estaba repleto de gente.



La música del grupo que en ese momento estaba en el escenario envolvía aquel pequeño paraíso resguardado entre las cañas y el río, y embovedado por un espectacular cielo azul. Las mesas y asientos blancos hechos de palets estaban ocupadas por parejas, grupos de amigos, madres con sus hijos o surfistas que habían aparcado por un día su tabla. Enseguida nos acercamos hasta la barra, pedimos nuestro plato de paella y una cerveza y, en la zona de césped con nuestras toallas, caímos literalmente al son de la música con una sonrisa perenne que nos duró varios días. Nos mimetizamos con el ambiente y naturalmente perdimos la cuenta de cuantas veces andamos los escasos metros que nos separaban del mar para refrescarnos en aquella playa a rebosar de bañistas. Inevitablemente nuestra mirada se perdía entre todo aquel ambiente mágico y tan nuevo para nosotras. 

El destino o la casualidad quisieron que no esperara a este verano para volver a 18 Nudos y poder conocer ese lugar en un día normal, en el que puedes apreciar la tranquilidad que parece acariciarse en el aire. El pasado domingo hice bien en colocarme el sombrero, porque hacía mucho sol y acabé en manga corta y metiendo los pies en el agua. Nunca me privo de ese momento.




“La forma en que las olas rompen en esta playa hizo que deseara instalar aquí la escuela de surf”, me cuenta Antonio Paquet, el dueño de 18 Nudos. Cuando escuchas algo como eso sabes que estás delante de una historia de sueños cumplidos. Y más si cabe mientras notas cómo su mirada se dirige hacia el mar como buscando la inspiración para lograr explicarte ese sentimiento.
Hace un lustro, antes de instalarse en Salobreña, esta escuela de surf plantó por primera vez sus tablas en la playa de Motril, muy cerca de Los Moriscos, y desde entonces deleita a aficionados de este deporte y a visitantes con la única arma que para su dueño lo puede todo, la afición por el mar y las olas. Y digo que lo puede todo porque cuando creas algo desde el corazón y con una pasión latente, al final todo lo que consigues es mágico. Y desde que entras a 18 Nudos sabes que ese lugar tiene ángel. 


Desde 2013 las puertas de esta escuela están abiertas en la pequeña playa situada entre la desembocadura del río Guadalfeo y la playa salobreñera comunmente conocida como La Cagailla y que desde hace poco se llama Punta del Río. Un paraíso capaz de dejarte atrapado dentro de la espuma de las olas mientras te sumerges en otra espuma bien fresquita, la de la cerveza que Antonio te sirve en la barra. Algo que puedes disfrutar en el pequeño chiringuito que hay junto a la escuela, refugiado en una original pérgola donde te sientes en familia. La simpatía de cuantos están por allí atrapa, es sin duda un lugar muy especial para los amantes del mar que buscan además buena comida. Todo lo necesario para pasar unas horas sintiendo el buen clima de la Costa Tropical en la piel.  

Lo que más sorprende de 18 Nudos es que nació sólo como escuela de surf y ha seguido creciendo hasta ser mucho más que eso. No sólo puedes practicar surf, sobre todo kitesurf, sino que Antonio y su equipo, al que se ha incorporado recientemente el mágnífico cocinero Ibra Romero junto a Mary Romera, no sabe ni puede estarse quieto y, siempre rodeado de buenos amigos, dan rienda suelta a su imaginación para innovar y continuar añadiéndole alicientes a aquel pequeño paraíso. 

“Un día te tienes que venir a surfear” me dice Antonio, mientras me cuenta que se han apuntado al Certamen de Cruces de este año. Y allí los he dejado, en plena tormenta de ideas para organizar un gran evento y agasajar a todos los que por allí se acerquen durante esta tradicional fiesta a principios de mayo. Seguid a la escuela por Facebook y enteraros de cuando es la gran cita y las próximas actividades ;)


Es un espectáculo de emociones escucharlos hablar, se les nota que aman lo que hacen y que están enamorados de ese hogar que para ellos es mucho más que una escuela. Es sin duda un lugar donde pasar grandes momentos que recuerdas con una sonrisa.

Y éstos son ellos (yo soy la de la gorra que parece que voy de incógnito). Antonio a la derecha, Ibra a la izquierda y Mary y yo al frente de la barra para la foto jeje.




No dejéis de visitar 18 Nudos Escuela de Surf, os encantará la comida de Ibra y la manera de presentar los platos y tapas (os recomiendo encarecidamente que probéis la hamburguesa, la sidra de pera y el postre con galleta cookie), os enamorará lo original del sitio, dónde está ubicado y por supuesto todas las prácticas surferas que podréis disfrutar.