domingo, 25 de octubre de 2015

Notas desde la terraza



La última escena de la película llega a su fin, pero me quedo escuchando la música que acompaña a los créditos. Acerco el  móvil con el shazam activo, me gusta la melodía. Soy fan de esta aplicación para el móvil, es un chivato de las emociones. Y el momento es perfecto. Estoy sola en casa y nadie me va a decir eso de –cambia, que ya ha terminado. 

Nunca he entendido esa prisa por cambiar de canal ni por salir del cine cuando la pantalla se pone en negro, justo tras la última secuencia. La película nunca termina mientras dura la música, de hecho, la melodía que suena de fondo durante la última escena es la que luego sube de volumen con el The End. La canción, por cierto, se llama Same mistake, de James Blunt, que habla sobre las segundas oportunidades y sobre los errores que cometemos.

La película ya quedó en segundo lugar, Blunt ha vuelto a mi vida con su limpio acento británico y ya estoy viajando por melancólicos paisajes verdes ocultos bajo hojas amarillas. El poder de la letra de una canción es hacer que cada uno se marche lejos, a veces a sitios insospechados. Empieza la canción y la imaginación se pone en marcha, imparable y arrolladora.

……….
I´m not calling for a second chance,
I´m screaming at the top of my voice
……….

La película ya ha acabado oficialmente y me invade una extraña sensación. Cuando una película me ha gustado me da cierta pena cuando termina, tener que decir adiós a algo que te ha hecho sentir bien siempre cuesta. Lo bueno es que puedes volver a ver esa misma película tiempo después, revivir con mayor intensidad esos sentimientos que te produjo la primera vez. Te fijas en detalles que antes se te habían escapado, valoras más la historia, le encuentras enfoques distintos, entiendes mejor la intención del guión, aprecias la fotografía, los detalles del atrezzo, etc. Las segundas oportunidades son poderosas.

Pero, aunque puedes ver la película de nuevo, los momentos no vuelven a ser los mismos. Ellos siempre son únicos por sus particulares modos de sorprendernos. Es verdad que hay veces que no gustan los finales, ellos siempre te obligan a tener que plantearte un nuevo comienzo. Pero, ¿Qué historia vendrá ahora?. Nuevos retos. Nuevas ilusiones, o quizá las mismas de antes que se mantienen encendidas como esas velas de broma que, por mucho que soplas, nunca se apagan. Jamás una broma había sido tan magnética

La última nota suena y la cola de renglones blancos desaparece en la pantalla. Miro hacia fuera, el sol aún brilla en la terraza y decido salir a leer un rato. Un amigo de bigotes tristes y ojos marrones me mira desde el nuevo escenario. Pongo el cojín en el suelo, me apoyo en la pared. De frente y al fondo está el mar que deja de absorber todo el protagonismo cuando mi amigo se sienta a mi lado. 




Las visiones que se habían entrelazado en mi cabeza se esfumaron vencidas por el momento. Creo que los rayos directos del sol, ya casi sin fuerza, adivinaron que los necesitaba para volver a coger impulso, y aguantaron un rato más para iluminar las páginas del libro que se posaba sobre mis rodillas. Me gusta creer que algo hermoso e “imposible” puede suceder. 

Mi amigo parecía disfrutar mucho con el paisaje, tanto, que su porte me hipnotizó por un segundo, asi que lo inmortalicé para la posteridad. Su pelo brillaba y sus orejas descansaban con el silencio momentáneo. Poco a poco lo fui entendiendo todo, el nuevo comienzo había resultado ser la mágica antesala de otra historia tranquila y reveladora. 

La película terminó y otra comenzó, la vida siempre continua.
 

martes, 6 de octubre de 2015

Buscando estrellas

Iba en el metro camino de una estrella y escuché la palabra casting. Reaccioné de manera automática, como si alguien en ese preciso segundo hubiera pulsado un botón en alguna parte de mi cuerpo para que mi oído se pusiera en alerta. Fue como un pequeño brinco y, rápidamente, miré en busca de quién podía haber sido. Una chica y un chico hablaban sobre entregar un Storyboard, supuse que habían sido ellos. Al acercarme a la puerta para salir, ella le enseñaba algo a él en su móvil y opinaban sobre unos actores. Luego me puse a pensar en lo curioso que es el cuerpo humano y cómo puede llegar a reaccionar de esa manera.

La búsqueda de estrellas ha sido una auténtica aventura, perseguirlas y alcanzarlas me ha dado bastantes alegrías porque siempre encontraba una sonrisa y una mano de confianza en cada una de ellas. Os las presento para que sepáis de qué hablo, aunque aquí no aparecen todas.



La improvisación no iba a ser una buena idea, sabía que todas mis estrellas iban a estar lejos, que me llevaría mucho tiempo llegar a ellas y, por eso, necesitaba una organización especial que me facilitara el trabajo. Un poco de investigación para localizar los destinos y para señalarlos en el mapa y llegaría a ellos sin problema. Debíamos marcarlos de alguna forma, pensamos. -Me gustan más las estrellas, le dije a Ricardo (el ángel que me ha ayudado a planificarme). Diferentes colores, direcciones, webs y teléfonos... et voilá, listo, la constelación era una realidad. Luego pensé, qué título tan bonito para contar esta historia de instantes importantes. Me encantan las ideas que nacen así. 

Había otras cuestiones fundamentales como fijar las rutas, buscar los trayectos para llegar a cada una e intentar siempre aprovechar mi tiempo (en alguna ocasión pasaba 45 minutos en el metro y otros 15 andando). Acompañándome en cada pequeña escala, otra gran historia de Albert Espinosa con mensajes como “creer y crear están muy cerca, a sólo una letra de distancia, asi que si crees en los sueños, ellos se crearán”. Se trataba de El mundo amarillo, otro de sus best seller. Él me ha traído hasta el fin del trayecto, acompañándome de principio a fin.

Mi viaje fue fruto de un impulso, como buena Aries. Cansada de los currículums por email, echando de menos Madrid, donde se respira oportunidad, y esos encuentros con amigos periodistas y presentadores, preparé rápidamente mi viaje y llené mi carpeta de ilusiones dispuesta a ir vaciándola poco a poco en cada estrella. Cuando intentas conseguir tu sueño, inventas maneras de llegar a él, te mueves, te involucras y dedicas todas tus energías en él y el resultado es que, pase lo que pase, te sientes feliz



Como bien recoge Jhon Carlin en su artículo del El País, La conquista de la felicidad, “la infelicidad viene cuando uno genera expectativas que no puede cumplir”. Si no crees en ti mismo, las expectativas no surgen y las oportunidades no aparecen, sencillamente, sin trabajo ni insistencia nada se consigue.

Lo mejor de todo es que el escritor y periodista británico viajó a Paraguay para descifrar el enigma de porqué este país sudamericano está considerado, desde los últimos tres años y según una encuesta global, el más feliz de la tierra. Casualmente descubrió que en guaraní, que es la lengua que casi todos los paraguayos hablan, no existe una palabra concreta para “mañana”, lo más parecido al concepto es Koera que significa “si es que amanece”, “lo cual se traduce en una actitud de no agobiarse por lo que pueda pasar en el futuro”, explicaba Carlin. Bajo mi punto de vista es un buen consejo y una perfecta receta para que el universo fluya a tu favor. Por el camino además encuentras mil y una señales, como las frases de Espinosa, mensajes de tus amigos en la distancia, llamadas para desearte suerte, botones que activan tu cuerpo, sonrisas que tienen mucho que contarse y regalos intercambiados e improvisados con un mensaje encantador.



Hay quien te dirá que ya no se estila ir en persona a entregar cv, que es más efectivo por internet, otros dirían que para qué si, como el tuyo, reciben cientos. Por eso es importante que cada uno tenga su propia forma de luchar por su sueño, de buscar su propio azar. Yo me guio por lo que siento y por lo que necesito hacer para ser feliz. En todos estos mensajes positivos es esencial que cada uno tenga sus propias estrellas.

Es tan simple como decir que “solo cojo sueños que abrigan por las noches” como cantaba La Fuga. Me encanta el concepto tormenta de ideas, me gusta tener que inventar e idear nuevos proyectos para hacer lo que me gusta, me gusta el soldadito marinero y su lágrima en la arena, que nazca una planta en el asfalto, que me abracen por que sí, la banda sonora de El Piano mientras como algo rico, un te quiero de alguien al que le cuesta ser cariñoso, querer que un día o noche no acabe nunca, tener miedos y vencerlos, desear que el mundo se pare en un instante, el dibujo de las nubes sobre un paisaje amarillo y rojo y un campo de lavanda o amapolas en medio de la nada.

Me gustan las estrellas y a ellas les puse nombre para distinguirlas en la oscuridad. Ahí empezó todo y, con todo, llegó todo lo demás. Ahora me siento orgullosa de mi viaje a las estrellas.



No sé de quien es la frase, pero apareció por casualidad durante el viaje a Madrid. Lo mágico es que yo no creo en las casualidades. 

Por las estrellas alcanzables