lunes, 17 de marzo de 2014

Sol de invierno

Ayer domingo me desperté sintiendo el calor del sol a través de la ventana. No podía creer que, a 16 de marzo, pudiéramos disfrutar de un día tan veraniego y apacible. Asi que decidí coger a Coco, mi perro, e ir andando con él hasta la playa. No me costó convencerlo, le encanta dar paseos :) La verdad que mi cuerpo reclamaba a gritos hacer algo de ejercicio y, con la temperatura que hacía, aprovechar para dar un paseo en buena compañía, inevitablemente, me resultaba una idea de lo más atractiva. Era de locos quedarse encerrada en casa, pensé.

Cuando llegué a la playa estaba llena de gente. Parejas con sus hijos, niños montados en bici, gente haciendo deporte, mascotas correteando y jugando con sus dueños, chicas sobre patines, familias o parejas paseando...la verdad es que en el paseo marítimo de Motril se respiraba mucha vida, bajo la brisa suave y el brillo del sol, invitando a ponerse camiseta de manga corta, recordando eso de cuando marzo mayea, mayo marcea.

Esos días me apasionan, sobre todo cuando puedo disfrutarlos y aprovecharlos al máximo. Y es que cuando el sol alimenta la perfección de un instante, lo único que puedes sentir es paz, es libertad, es la certeza de que eres feliz. Y ayer tuve la suerte de reunir muchos instantes de esos que te llenan el alma de cosas positivas, de vivencias únicas, de momentos extraordinarios que sabes que no suelen coincidir en el tiempo, y que por eso tratas de retenerlos con fuerza en tu presente, viviendo cada segundo con intensidad. Todo lo que me pasó ayer logró hacer de ese día algo especial. Primero con mi paseo matutino y después en el parque con mis sobris y parte de la familia. Mi hermana y yo hicimos también un poco el tonto.




Y así transcurrió la mañana. Después, era la hora de comer, asi que Ricardo y yo montamos en la playa un picnic improvisado. Como si de leerme el pensamiento se tratara, ya tenía listo el bolso con comida preparado en el maletero del coche cuando vino a recogerme. Y allá que nos fuimos, a la playa del Peñón, en Salobreña, una de mis favoritas. Y como díría Bécquer, "poesía eres tú". Tú, el mar, el sol, el paisaje...Todo lo que amas y respiras con ilusión, todo eso es poesía.




Y, con esos momentos que te cargan de energía...



Y la tarde llegó con una merienda muy especial, la que preparó mi hermana María para el café que nos tomamos todos los hermanos juntos, otra vez con mis sobrinos. Trenzas de chocolate :D, que estaban riquísimas.


Y, después algo de cine con mi hermana para acabar el día... una película cien por cien recomendable

Cada instante de tu vida es un regalo y un día malo se puede convertir en bueno, si aprendes y consigues ver las cosas desde otra perspectiva. Una película tierna y llena de detalles. Os la recomiendo.
Y así fue mi domingo, simplemente, maravilloso.