martes, 21 de noviembre de 2017

Un instante para "llenar" la vida

Nos empeñamos muchas veces en “llenar” el tiempo y solo conseguimos sentirnos más vacíos. 
Pero te das cuenta y decides parar. Parar. Qué locura. Si todos a tu alrededor se pasean con bolsas, parece que tienen muchas cosas que hacer, a muchos sitios a dónde ir. O han quedado con alguien. O han visto las luces de Navidad instaladas y se han lanzado ya a comprar algún regalo. Cómo vas a parar. Si hace ya mucho tiempo que no vas al centro, y te encanta. Lo que se suele (o sueles) hacer es comprarte alguna cosa, ir a esa tienda que hace tiempo que no pisas o pasear por esa gran avenida preciosa y animada. Además, alrededor tuya lo hacen todos, por qué serías tú diferente. "No parar" es lo que se espera de ti en esa vorágine de calles inquietas.


Pero decides parar. Parar. Vaya locura vas a hacer. Pues sí. Pasas de largo las opciones vacías. Sabes en el fondo que no tienes ninguna cita, que es andar por andar, actuando mecánicamente. Sin aliciente. No es que no tengas un buen día, es que no te atrae la idea de “llenar” el tiempo cuando podrías “llenar” la vida. Así que paras cuando ves un sitio que parece un hogar. 


Hay caras amables. Hay ventanas que dan a la calle. De ellas salen barras de madera y hay varios asientos para tomarse un café o té mientras ves el mundo pasar. Bueno, correr más bien.
Y te sientas y recuerdas tantas películas donde parece que es tan natural. Y disfrutas una vez más del guión romántico que representa el estar así, en un reencuentro, pero contigo.



Pero antes te detienes un instante en el mostrador de la cafetería para elegir qué tomar, aunque lo único que te apetece es sentarte a mirar a través del cristal y "beberte la vida". Escoges un té de mora, porque nunca lo has probado. Quieres que sea inesperado, como él estar allí, en ese lugar. Y cuando te lo sirven te sorprendes porque no sabías que venía con hielo pero te sabe bien a pesar de ser Noviembre. Porque el sitio te ha reconfortado tanto que no necesitas más calor. 


Ese instante de “parar”, de “desacelerar”, de saborear la vida. Placeres pequeños. Solo mirar. Ordenar pensamientos, tal vez. Centrarte. Encapsular todo lo aprendido en unos días que, quizá, han sido (o estan siendo) algo extraños. Pero sin impacientarse. Que sentarte a leer frente a la ventana o a observar sea lo único que te importe por un instante. Y reconocer que ahora sí, en ese momento sí que estas a gusto dentro de algún sitio. Tanto que no quieres salir.


No exprimes el lugar, sino lo que vives cuando estás en él


Has optado por abandonar el “hacer algo sin propósito” porque el propósito cambió de dirección. Como quedarte en el coche hasta que termina la canción que han puesto en la radio y que signifique llegar un minuto más tarde a casa, qué importa si tarareas la melodía.


Ese instante en el que saltas para escapar de todo. Para expulsar aquello que no deseas.



Ese “detener el tiempo”. 
No esperas a nadie. 
Nadie te espera a ti. 
Da igual donde estás. Buscas un posible oasis donde respirar.
Y lo consigues. Y el rayo de sol que golpea el cristal extrae de ti los miedos. 
El “estar sola” se hace poderoso y te reconcilias contigo. Y lo haces rodeada de gente que te es ajena. 

Un instante se hace importante inesperadamente



lunes, 13 de noviembre de 2017

Lunes



Qué poco nos gustan los lunes. Pero es que tampoco los domingos, por ser el día en que somos conscientes de la llegada del nuevo arranque de la semana o en que nos tenemos que despedir de alguien querido. “Ese día en el que te das cuenta de lo rápido que avanza el tiempo, que se acabó una semana más”, como dice el gran Defreds. Eso nos deja cinco días “felices” en la semana. Cinco “no rechazados” por la sociedad y por nuestro “sabio” corazón.  Qué hay de las cosas buenas que nos ocurren esos dos días que “nadie” quiere. Si te pasa algo bonito un domingo, ¿se convierte en un sabor agridulce al tenerte que despedir de la persona con la que has disfrutado ese gran recuerdo?. Somos seres débiles, arrastrados por los sentimientos. Somos vulnerables ante lo que sentimos.


Hoy es lunes. Despierto y cojo el móvil que tengo sobre la mesilla de noche. Aún no tengo lámpara y necesito luz ante posibles imprevistos de la noche y mi cierto miedo a la oscuridad. Abro Instagram, Twitter…no mucho tiempo, solo un rápido vistazo antes de salir del calor de las sábanas. Y a los pocos segundos me llega un sms. Mi compañía de telefonía me avisa que se acabaron por este mes los datos en mi móvil. Aún quedan ocho días para que me los renueven. Vodafone aún no se ha pronunciado sobre nuestro ADSL asi que seguimos sin Internet en el nuevo piso (llevamos aquí un mes) y Ricardo no puede darme wiffi con sus datos porque no está en casa. Hasta las seis de la tarde no llega de trabajar. Tengo todas las papeletas para un lunes infernal y, lo que es mejor aún, tengo excusas de sobra para ello. Nos encanta tener excusas para quejarnos. Para justificarnos por no ser capaces de dejar a un lado lo malo que nos acecha. Pero no lo hago. Mi mente ya busca inspiración sin que me dé ni cuenta. Mecánicamente voy a la cocina.


Anoche retomé Confieso que he vivido, las memorias de Pablo Neruda. Así que pongo la cafetera a funcionar (de las de toda la vida) y mientras espero a que “suba” mi gran aliado de cada mañana, me sumerjo de nuevo en sus aventuras de poeta. 


“…Ya iba dejando atrás mi primer libro, Crepusculario. Tremendas inquietudes movían mi poesía. En fugaces viajes al sur renovaba mis fuerzas. En 1923 tuve una curiosa experiencia. Había vuelto a mi casa en Temuco. Era más de media noche. Antes de acostarme abrí las ventanas de mi cuarto. El cielo me deslumbró. Todo el cielo vivía poblado por una multitud pululante de estrellas. La noche estaba recién lavada y las estrellas antárticas se desplegaban sobre mi cabeza. Me embargó una embriaguez de estrellas, celeste, cósmica. Corrí a la mesa y escribí de manera delirante”.

...


“La timidez es una dimensión que se abre hacia la soledad…también es un sufrimiento inseparable, como si se tienen dos epidermis y la segunda piel interior se irrita y se contrae ante la vida” 


Confieso que he vivido. 
“¿Alguna vez has escuchado el susurro de una caracola?”, pregunta Maxim Huerta a sus lectores. 
¿Has soplado un diente de león sonriendo mientras ves volar sus semillas?. Os pregunto. 



Estaba paseando por Madrid con mi amigo Pedro cuando un puesto de libros me frenó en seco. En plena calle vi a aquel hombre alto con cara bondadosa que permanecía junto a su puesto de libros usados imperturbable, observando a lo largo de la mesa que todo estuviera bien expuesto. Con dos grandes ventanales abiertos de par en par a la calle, presentando aquellas obras como si fueran las mejores de todo Madrid. Así deberíamos hacer todo. Ponerle tanto cariño a algo que se reflejara al instante. Que se respirara algo especial. Que te invite a quedarte preguntándote y ¿qué me puedo llevar de este sitio tan extraordinario?. 


“Cuéntalo todo como si fuese lo más interesante del mundo”,  “hay que contar la historia que emocione, juega con las emociones”. Me dieron muy buenos consejos cuando trabajaba de periodista y con el tiempo te das cuenta que el trasfondo de todas esas cuestiones se debería traducir, para nuestro bienestar, a la vida en general. Mi escena favorita de  la película Todos los días de mi vida es en la que Leo le cuenta a su compañera de trabajo cómo fue la primera vez que Paige le dijo “Te quiero”. Él ya ha perdido toda esperanza de volver a enamorar a su mujer, quien ha perdido la memoria por un accidente de coche. Triste, está sentado con su guitarra en las manos.  “Estábamos en un restaurante griego y en una pizarra se podía leer: Ya servimos sopa. Yo le empecé a soltar alguna historia sobre lo que le había costado a aquel hombre conseguir su sueño de servir sopa por fin en su restaurante. Y cuando terminé, ella mi miró, se quedó en silencio un momento y como exhalando un suspiro lo dijo, “te quiero”. Ver aquella escena te rompe por dentro.  


Y allí estaba Confieso que he vivido. El título ya estremece. Ha vivido. Cuántos podemos decir eso. Intensamente. Sorbiendo poco a poco la vida, saboreando cada minúsculo detalle. Viendo cumplir un sueño, aunque sea una vez o pueda parecer una tontería. Como servir sopa en tu restaurante. Viviendo muchas experiencias sin rechazar sentimientos aventureros. Parándonos a contemplar una noche estrellada o unos, como el poeta refiere en su obra “ojos ultramarinos”. Se aprende tanto de las personas que viven tan apasionadamente. 


El título, entre aquellos libros del puesto callejero, me atrapa y los recuerdos teniendo en mis manos “veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Neruda con los poemas señalados por mis hermanos, con ese “puedo escribir los versos más tristes esta noche”, llegan directos a mi mente y a mi corazón, clavándose como las estrellas fugaces en la oscuridad de la noche. Asombrada, disfruto el hecho de haber encontrado aquella joya tan inesperadamente. Le pregunto al amable dueño del puesto de libros sobre el precio. Un euro, me dice. Un euro. Me quedo helada cuando, al abrir la cartera descubro que no tengo ni una moneda suelta. Genial. Encima de que solo le voy a pagar un euro este hombre tiene que ir a pedir cambio al negocio de al lado. La verdad, sentí cierta vergüenza. 


Y lo único que se me ocurre es continuar revisando los libros que tiene y encuentro El alquimista de Paulo Coelho. Hacía tiempo que me lo había leído y me había enamorado. Pero es que hacía tiempo que quería regalárselo a Pedro. Incluso lo había tenido en alguna ocasión en las manos en diferentes librerías pero nunca había terminado de comprárselo. [El destino nos ha hecho chocar con ambas obras, en ese día que hemos quedado para buscar libros y compartir vivencias]. “Toma, para ti”, se lo alargué a mi amigo. Y, viendo su asombro y su ceño fruncido, le cuento que llevaba mucho tiempo queriendo regalárselo. Y él sorprendido no entiende por qué precisamente este libro. Pero ni yo sé por qué así que no sé darle más explicaciones. Un día sentí que debía regalárselo sin más hasta que llegó ese día en el que encontré la ocasión ideal sin buscarla. 

Me encanta la vida por estas cosas que ocurren distraídamente. Como cuando lees el capítulo “Mi primer poema” y Neruda comienza diciendo “Ahora voy a contarles alguna historia de pájaros”. O como cuando te compras el periódico para hacer más amena la espera de dos horas de retraso en tu médico de familia y ves un artículo que se titula “La estrella que nunca muere” sobre la supernova iPTF14Hhls que ha hallado un equipo del Observatorio Las Cumbres de California, en EEUU, a 500 millones de años luz y que sigue brillando tres años después de su explosión. “¿Es un astro inmortal?”, subtitulan. 


La vida es así de centelleante y lo mejor de todo es que no sé qué día ocurrieron todas esas cosas. Si era domingo, lunes o cualquier día de la semana. Este lunes comenzó sin conexión con el mundo y ahora he conectado con todo lo que me deambulaba en la cabeza sin saber encontrarle hilo conductor ni relación alguna. Estar sin Internet, toda una tragedia en pleno siglo XXI. Una sensación que podría ser tan angustiosa que lograra que miraras a tu precioso y adorado Iphone rosa como un juguete inservible. Víctima de la desconexión. Pero, espera. Ha sonado un “clinnnn”. Es mi hermana por whatsAPP (la aplicación “insumergible”). Abro el chat. Me dice “ahora te llevo conmigo más que nunca” y me manda una foto donde lleva un jersey y un cuello que tejí hace tiempo. Hoy lleva ambas prendas sobre su cuerpo. 

Ella no sabe que estoy escribiendo. No sabe todo lo que ha producido en mí el gesto de leerla ahora. Y de que sea ahora, en este momento. Que sea lunes. La imagino delante del espejo, esta mañana pensando qué ponerse. Aún con sueño. Es lunes, y no les gustan nada los lunes. Pero ve mi jersey y me la imagino sonriendo por dentro. 

Aunque le contestara por chat o en directo no sabría explicárselo del todo. Explicarle, confesarle que he sucumbido. A ella. Un lunes. Ella también está en mi mesillla de noche y a su lado el iphone sí que es un juguete .


Os dejo por ahora. Voy a publicar a la biblioteca o a cualquier cafetería que de servicio wiffi gratis. Necesito Internet irremediablemente para contaros todo eso. Voy a vestirme y a pintar mis labios de rojo o rosa. Cualquier símbolo vale para encender la vida. Esa luz que necesitas en la mesilla de noche para recordarte lo maravilloso de cuanto te ocurre. Pero la luz tiene múltiples maneras de ser, a veces es una foto cargada de recuerdos y de amor. 

De manifestarse y decir ¡aquí estoy!. Estoy viva. Y quiero que me embistas, vida. Que me arrolles y me hagas sonreír. A pesar de ser lunes. Porque ser lunes es otra nueva oportunidad para vivirte, vida. Y buscaré en mi armario, en mi mesilla de noche o donde haga falta para que sea un gran día. Todos los días.



Al final desde un parque, al abrigo del sol. Con el pañuelo rosa de mi hermana en vez de los labios rosas. 
Nada estaba planeado, ni siquiera este post. Y eso es lo mágico de este lunes.




lunes, 30 de octubre de 2017

La influencia catalana en la independencia de Motril en 1873



Hace mucho tiempo que oí hablar de la efímera independencia de Motril. Como motrileña y periodista despertó en aquellos momentos en mí una gran curiosidad pero no ha sido hasta ahora cuando he querido documentarme y entrevistar a aquellos que podían aportarme algo de luz sobre aquellos hechos. Quería traeros este pedacito de historia al blog para aquellos que os interese conocer algo de lo que se vivió durante esos tres días históricos, del 22 al 25 de julio de 1873 en nuestra ciudad. Y por supuesto para cuantos queráis comentar, añadir o compartir historia. 

Aunque el problema catalán en el que se centra actualmente la atención pública, política y mediática no se asemeje en el fondo y forma a lo que se vivió en Motril, me parece anecdótico haber encontrado firmas catalanas en el documento que permitió en aquellas fechas la independencia de la ciudad costera bajo la figura de un Comité de Salud Pública. 


Ha sido emocionante tener en las manos el documento, en el que se recoge lo que se sabe del origen de esos tres días en los que Motril vivió uno de los capítulos, a mi parecer, más interesantes y curiosos de su historia, algo que muchos motrileños aún desconocen. 


Este pasado julio se cumplió el 144 aniversario de la efímera República motrileña y es inevitable recordarlo ahora. En unos días agrios de tensión política donde Cataluña es el centro de todas las miradas soy consciente que resulta complicado poner la vista en una ciudad costera del sur de Granada. Pero, aunque solo sea por la histórica buena relación de Cataluña con Granada o por el influjo de los grandes terratenientes catalanes en la historia del comercio en Motril es bonito hablar de lo que nos une.


Hay libros históricos, pertenecientes a la colección local de la biblioteca de La Palma principalmente, que hablan de este hecho y existe la importante labor de los aficionados como Gabriel Medina (al que le agradezco también desde aquí su ayuda) e historiadores que han trabajado tanto y siguen haciéndolo para que los motrileños conozcamos nuestro pasado. 


La historia está ahí para recordarla en los momentos cruciales. Y no me refiero a noticias como que un centenar de personas partidarias de la independencia de Cataluña cortara el tráfico de la Gran Vía de Granada como protesta. Sino saber hechos históricos como la coronación de Zorrilla como poeta nacional ocurrida en Granada en el corpus de 1889 en el Liceo y en la que una de las grandes embajadas invitadas fue la de Barcelona. Unos días en los que los granadinos gritaban en pleno pulmón de la ciudad ¡viva Barcelona! ¡Viva Cataluña! (http://www.granadahoy.com/granada/Barcelona-Granada-coronacion-Zorrilla_0_863014117.html). 


Y hablo por supuesto también de las familias catalanas, como los Moreu que se instalaron en Motril atraídos por el negocio algodonero que dio riqueza a la ciudad a partir de finales del siglo XVIII, tras la crisis azucarera. Unos terratenientes que tuvieron mucho que decir también en la declaración de independencia de Motril que se legalizó bajo la figura de un Comité de Salud pública durante la revolución cantonal de 1873 para, según consta “armonizar intereses”.


Duró apenas tres días, del 22 al 25 de julio de 1873, tres días en los que Motril fue independiente. Un hecho histórico propiciado por una manifestación, como la que hemos vivido en vilo la inmensa mayoría de españoles por televisión a las puertas del parlamento catalán, pero que en la ocasión que nos ocupa debemos rememorar a las puertas del Ayuntamiento de Motril (por aquel entonces establecido como cabildo) ese 22 de julio de 1873. Alimentada y auspiciada por los republicanos federalistas responsables del movimiento cantonal que ya se había experimentado en muchas otras regiones, entre ellas Cartagena que fue pionera en este tipo de acciones políticas, pero con una gran participación de ciudadanos comunes. Dicha manifestación llegó al extremo de entrar por la fuerza en la sala de protocolo del cabildo motrileño desencadenando así este comité que, sin embargo, tuvo una corta vida al fin y al cabo.

A la instauración de este cantón se negaba rotundamente el cuarto teniente de alcalde de Motril, Juan Montero Bonachera, que en ese momento era responsable de la institución motrileña al haber desaparecido parte de la corporación en aquellos días revueltos en los que el descontento y desazón general se había apoderado de todo el pueblo. La incomunicación con Madrid, el malestar general de la población al sentirse abandonados por parte de las instituciones y la confusión de esta ciudad hacia su futuro, en la que se veía aislada del resto del país, ayudó a los republicanos federalistas a lograr su objetivo y convencer a las masas que finalmente forzó al pleno a tomar la decisión.


Junto a Bonachera en el cabildo motrileño aquel 22 de julio de 1873  se encontraban en dicho pleno una representación de los grandes contribuyentes, adinerados empresarios entre los que se confirma, gracias al documento, que había representación catalana, así como los capitanes del regimiento de voluntarios de Motril, Ruperto Videurreta de la Cámara y Francisco Trujillo Carmona. Éstos intentaron convencer a Bonachero de que cediera a la protesta del pueblo y de los republicanos, pues, decían, las fuerzas policiales eran insuficientes para frenar un derramamiento de sangre en las calles. Mientras esa discusión se producía de puertas para adentro con todo ese pleno reunido intentando llegar a un pacto, fuera ya se disponían los manifestantes a entrar para forzar la situación. Fue cuando, según consta en el texto unos “paisanos” irrumpieron en el salón de protocolo del cabildo exigiendo una independencia que finalmente llegaría. Ambos capitanes fueron proclamados "presidentes" de esta efímera República de Motril que acabó el 25 de julio una vez restablecido el contacto con Madrid.

Y, ciñéndome al texto anterior, el objeto de aquel pleno donde se decidió todo fue, textualmente “el hacer presente la gravedad de las circunstancias por las que se atravesaba visto el estado de la capital y el estado de excitación en que se encontraba esta ciudad efecto de las anteriores noticias, para que todos viesen el medio más prudente de evitar una colisión que diera por resultado la alteración del orden público”.


El cometido, según el acta, sería finalmente “garantizar el orden y evitar los males que amenazaban y que se encontraban todos, sin distinción de colores políticos, siendo establecido el comité sólo hasta que se reanudasen las comunicaciones con Madrid y cesaren los motivos por los cuales se crea”. Igualmente, la parte del ayuntamiento aseguraba en acta su permanencia para “hacerse respetar”.


Muy bonita es la iniciativa que tuvo hace unos años Gabriel Moreno al crear la Cápsula del tiempo para celebrar el 135 aniversario de esta efeméride. Una foto que protagoniza su perfil de Facebook.


Según él mismo explica su intención fue el que la gente conociera la historia real de lo que todos llamaban "República Independiente de Motril". Y comparto su opinión cuando dice que “es curioso que un hecho que sólo duró tres días aún fuese referenciado entre la gente, pero el conocimiento sobre lo que fue, cómo y quién era totalmente desconocido”. Asegura que lo que le animó a escribir varios libros y artículos sobre la historia de nuestra ciudad fue el intentar que todos aquellos que quisieran descubrir hechos importantes y personajes históricos pudieran tener material para encontrarlos. Y de ahí nacieron sus libros entre los que destaca “Don Motril”, un índice onomástico de todos los libros y de centenares de fuentes adicionales relacionadas con la ciudad.


Me parecen de lo más interesante estos artículos de prensa firmados por el propio Gabriel (quien me lo ha hecho llegar) en el que destaca la tendencia republicana de una importante parte de la población motrileña, una tendencia “incrementada con la presencia de catalanes en la ciudad” y que a partir de 1869 ya se fue haciendo notar y que fue preparando el escenario de lo que después ocurrió. Entre esos catalanes destaca a Emilio Díaz Moreu, “nuestro más ilustre marino motrileño que llegó a convertirse en mano derecha del nuevo monarca español Amadeo de Saboya”. La abdicación en 1873 de este rey, cuya figura fue el primer intento en la historia de España de poner en práctica la forma de gobierno de la monarquía parlamentaria, fue el hecho que desencadenó aquel estado de incertidumbre en toda la Nación española.


Como veis hay mucha historia que conocer, multitud de detalles, personajes, decisiones y desencadenantes en torno a aquellos tres días de Motril como independiente, amparado en un comité de salud pública cuya única intención era salvaguardar la armonía de todo un pueblo. Fue un episodio pactado por los que eran o sentían responsables de la situación que vivía el pueblo motrileño, de decisiones forzadas por el momento y de un deber que tejieron aquellos tres días hasta volver a tomar el rumbo correcto.

jueves, 26 de octubre de 2017

Deja tu marca



Todos somos una marca. Lo dicen los publicistas. Y creo sinceramente que todos vendemos cada día lo que somos a través de nuestra forma de vivir, de expresarnos, de cómo nos ganamos la vida, de qué hacemos para mejorar y ofrecernos ante el mundo como producto. Y yo iría más allá. Deja tu huella, aquello de lo que sentirte orgulloso, por lo que te mueve la más absoluta y pura de tus emociones a hacer lo que te gusta. Deja un legado de intento y no de derrota, de impulso y no de retroceso. Créete lo que eres y explótalo. Y una vez más todo lo decide el instante que marca la diferencia, el momento en el que lo apuestas todo bajo mandato de los sentimientos que te remueven.

Esta mañana he ido a correr. Poco, solo para despejarme y para activar el cuerpo dolorido por la mudanza y el trabajo que está dando este nuevo piso en el que nos hemos instalado. Y por el barrio me he ido encontrando camino a casa a vecinos que me daban los buenos días. En el otro barrio no me ocurría. No me conocen, me miraban como se mira a los extraños en los pequeños pueblos, pensando “éste es forastero”. Pero me han dado los buenos días y si se quedaban dubitativos se los daba yo. Y en el supermercado donde he comprado el pan la cajera me ha regalado amplias sonrisas que me han taladrado y han conseguido ponerme de buen humor. El otro día pasó igual. Iba seria, cansada y alicaída y fuimos ya de noche a hacer la compra de la semana. Otra cajera, esta vez del turno de tarde me brindó varias sonrisas seguidas mientras nos daba las gracias y nos pasaba el ticket. ¿Habrá adivinado que estaba mal? Porque ahora me siento mejor, me ha reconfortado su muestra de simpatía y agradecimiento, pensé. Una vez más, los detalles y las pequeñas cosas suman.

A este respecto me he acordado del tweet que leí el otro día del presentador Dani Mateo https://twitter.com/DaniMateoAgain


Cómo trabajar tu marca personal en RRSS (Redes Sociales). Así se llamaba el curso en el que ayer tuve el placer de participar, organizado por  @malagaimfe e impartido por Marketing Live Consulting http://www.marketinglive.es/ y la razón por la que os esté escribiendo sobre esto. Y estuvimos hablando de todo eso que llamamos “marca”, pero traducido a la persona emprendedora, empresaria y/o con un proyecto entre manos referido a su actividad. Se gana a un cliente con la emoción, comentaba la ponente, Rocío Moreno. Emoción. Sin ella no hay nada. Pensarlo bien. Analizad qué es, qué poder tiene y pensad en todo lo que hacéis al cabo del día que conlleve emoción. Hacedlo porque las cajeras del supermercado donde compro ahora y los vecinos me han presentado su marca sin ellos saberlo. Se han abierto a mí, como lo harían con otros desconocidos enseñándome su lado humano. ¿Qué hay más humano que una sonrisa y un buen “buenos días” para comenzar un día cualquiera?.


Los emprendedores dan los buenos días a una idea. La saludan, la miran, la trabajan a fondo, la estudian (cómo venderla, a quien, dónde, cuándo, con qué medios…). Para ello utilizan todas las herramientas del marketing como son el realizar un plan estratégico y de acción (responden el ¿hacia dónde vas? Y miden resultados) con un análisis DAFO (oportunidades y amenazas/Fortalezas y debilidades), un Briefing (toda la planificación del que va a ser tu trabajo) y los contenidos de calidad que vas a ofrecer a tu Target (clientes). Sí, es mucho trabajo. Pero ante todo hay que ganarse a la gente con ese “buenos días”, con un apretón de manos y una mirada firme llena de propósitos y ofreciéndole algo distinto o mejorado de la competencia. Y, como bien dicen en la consultoría, sé coherente. 
Aprendimos mucho ayer. Pero sobre todo nos motivamos mucho. El curso nos dio algo en lo que apoyarnos, claves o tips para lograr encauzar de alguna manera nuestros propósitos empresariales. Pero, algo muy interesante es que constantemente quedó de manifiesto la relación entre el marketing y el coaching. En parte era inevitable que, al ser también experta en esa materia, la ponente quisiera darnos la clase intentando encender esa chispa que nos puede dar valor como marca. Porque para lograr tu objetivo de vender un producto es necesario trabajar todos los escenarios que forman parte del proceso y las herramientas para ello tienen mucho que ver con esa metodología que busca construir autoconfianza y lograr el desarrollo profesional.
Haciendo esta reflexión he encontrado en Internet una página que habla de ello, https://psicologiaymente.net/organizaciones/brand-coaching-marketing, y de un concepto que yo desconocía. Explica que “el Brand Coaching nace por la necesidad de las personas y las empresas de desarrollar, reforzar o definir su imagen a la hora de presentarse frente a los demás. Por tanto, el Brand Coaching está íntimamente ligado al marketing, por eso ha encontrado un lugar en las empresas y en las personas que desean maximizar el concepto de marca”. Así que todo es una cadena. Emoción, motivación, auto convencimiento, responsabilidad, trabajo, acción, contenido, análisis de resultados, valoraciones… Sí es muy difícil vender un producto, hay que trabajar mucho pero lo que está claro es que todo empieza con un buen “buenos días”, una actitud que traspase la mirada y una capacidad para darle la vuelta a las cosas y buscar lo ingenioso, lo verdadero, lo auténtico, diferente, emocional. Hay que meterse en el corazón del target. Un gran ejemplo es la marca Coca cola cuando nos vende “felicidad”.

La ponencia también nos sirvió para exponer nuestros problemas a la hora de llegar a la gente. De preguntarnos qué podíamos estar haciendo mal para no conseguir los resultados que pretendíamos en un comienzo. Los silencios eran cortantes pero porque cada uno nos sumergimos en nuestras propias experiencias y analizando en nuestra cabeza cómo poner en práctica todo aquello tan interesante que nos estaban contando. Pero hubo un concepto clave que todos compartíamos, la emoción. A eso no te gana nadie cuando la sientes profundamente dentro de ti y es ella la que te puede dar la clave de todo. Sobre todo cuando te desvías en el camino.


“Yo antes de desayunar, sueño con seis cosas imposibles”, decía Alicia en el país de las maravillas. Y me hace pensar en que quizá, cuantas más cosas soñemos más probabilidades existe que se cumpla alguna de ellas. Y de que, al no volcar todas las esperanzas en una sola cosa, corramos menos riesgo a dañarnos y caer abatidos en la negatividad. Es ahí la importancia del Plan B. de la parte del marketing en el que haces un plan de riesgos y planteas posibles soluciones. 

Otro de los alumnos acudió a mí en el descanso de la ponencia. Yo ya había mencionado este blog, La importancia de un instante y todos me habían oído. Él era fotógrafo y buscaba claves para poder venderse mejor en las redes sociales, el tema central de la ponencia. Me mencionó el concepto “el instante decisivo”. Al llegar a la puerta de clase Rocío ya nos indicaba que volviéramos a retomar el temario y me quedé dando vueltas a lo que ese señor me había dicho. 

Pero dejaré para más adelante el hablaros de este concepto porque me parece que merece su propio lugar y puedo hablaros también de otras cosas muy bonitas.